—Alice, creo que deberías descansar —Damián se le acercó, disimulando su enojo por las rosas que envió Thomas. Ese hombre está jugando con fuego, lo está provocando y no sabe de lo que Damián es capaz de hacer para no permitir que le quiten a Alice.
—Me quedaré aquí —dijo con firmeza.
—Alice, entiendo, pero eres mi esposa, vamos a casa.
—¡No! —espetó—. Me quedaré con mi madre y mi mejor amigo. No pienso dejar a mi madre sola —lo miró, sabía que él estaba enojado y lo estaba soportando.
La señora