Alice duerme profundamente. Damián no la dejaba respirar, disfrutaba tanto de su cuerpo y de sus besos que no quería desaprovechar cada minuto a su lado. Allí, desnuda junto a él, boca abajo, Anderson la admira y siente ese orgullo por tenerla a su lado. A pesar de su carácter, no la ha dejado ir y siente que ha valido la pena.
Sus manos, con ansias de acariciar su espalda, no entienden por qué su corazón arde al tenerla cerca. No pudo controlarse y le acaricia la espalda lentamente, recorriendo