Alice se ahogaba en sus propias palabras; el vino había desinhibido sus emociones más profundas. Damián la miraba, su expresión una mezcla de asombro y dolor. Las palabras de Alice lo golpearon con la fuerza de una verdad que había intentado ignorar.
—Alice, no es tan simple —logró decir Damián, su voz más suave de lo que pretendía. Se acercó a ella, intentando tomarla de los brazos, pero ella retrocedió.
—¿No es simple? ¿Qué no es simple, Damián? ¿Decir que me quieres? ¿Decir que esto no es sol