—Alice… —la menciona mirando a su esposa con un deseo literalmente ardiente.
—¿Qué esperabas, Damian? Estoy lista para que hagas lo que tanto has querido hacer —lo mira con sus ojos llorosos y él se acerca a ella, quedando a escasos centímetros. Lleva sus grandes manos a su pequeña cintura. Damián se inclinó, sus labios rozando los de Alice. El aliento de ella se aceleró, sus ojos aún húmedos, pero ahora con una chispa de anticipación. Él la atrajo más cerca, el calor de sus cuerpos fusionándose