—¿Estás seguro de tu decisión, Damián? —Mariana se sienta con normalidad; el rompimiento de la relación fue como un balde de agua fría.
—He sido claro. Hablemos de la agenda, necesito organizar mi horario.
—Espera —ella hace una pausa—. No puedes romper lo que hemos sido por años sin una explicación.
—Aquí la única explicación, Mariana, es que estoy casado, y todo el mundo ya lo sabe. No quiero más insinuaciones de tu padre ni malos entendidos. ¿Serás mi secretaria o tendré que despedirte? —Mari