—¿Por qué te quedas callada, hija? —El señor Cooper se preocupa, y es que Alice siente no poder hablar, siente un nudo en la garganta mientras solloza—. ¡Voy ya mismo a buscarte! —Al escuchar eso, Alice respira profundo, aparta el móvil de su rostro y luego lo regresa a su oído. Sonríe mientras seca sus lágrimas y dice:
—Padre, estoy superbien, no tienes de qué preocuparte, de verdad…
—Soy tu padre, Alice, y tú eres lo único que tu madre y yo tenemos.
—Damián es un buen esposo, prometo irte a vi