Alice se mantiene firme en su decisión y Damián está que pierde la paciencia, aunque quiere conservar la calma para no seguir en esta guerra. Al verla tan decidida, dice: —Bien —se acerca a la terraza—, yo sí comeré, pero ya que tú no lo quieres hacer, entonces no saldrás mañana a ningún lado.
—¡Eres injusto, Damián! ¡No puedes estar tomando decisiones en mi vida!
—Si comes, podrás ir a donde tus padres y, claramente, con escoltas; es mi última palabra —se dispone a comer, ignorando por completo