Carla estuvo atenta y, al ver la reacción de Alice, se acercó rápidamente y la tomó de la cintura. —Respire, señora —le pidió preocupada.
Las palabras del acosador resonaban en la mente de Alice; la amenaza sobre su madre la paralizó. La señora Anderson, al ver el estado de Alice, se apresuró a su lado, la preocupación marcando su rostro.
—¿Qué pasa, querida? ¿Quién era? —preguntó, intentando calmarla.
Alice no podía hablar, solo negaba con la cabeza, las lágrimas comenzaban a brotar. La señora