Miguel mira a su jefe, impactado por lo que acaba de escuchar. Mientras tanto, Damián, aunque lleno de ira, debía asegurarse de que la madre de Alice estuviera a salvo. Arrancó como alma que lleva el diablo, dejando a las sirvientas intrigadas por su reacción.
Damián golpea el volante y luego mira por el retrovisor. Ve a su suegra aún inconsciente, con la cabeza reposando en el regazo de Miguel, quien alzó la mirada y pudo ver que los ojos de su jefe parecían dos fuegos de llamas ardientes; sabe