Damián se acerca a ella, sus ojos fijos en los de Alice, una mezcla de deseo y conflicto en su mirada. La tensión en la habitación era palpable, casi asfixiante. Él extiende una mano y le acaricia la mejilla, un gesto tierno que contrasta con la intensidad de sus ojos.
—Alice —su voz es un susurro ronco—, no es que no te desee. Es que... las cosas son complicadas ahora. No quiero que pienses que solo te quiero por eso y sabes cómo soy en la cama, quiero cuidar de los bebés.
—Pero eso no afecta,