—Vamos, te dije —dijo Marlene, animando a la chica.
Entraron y se sentaron en una mesa al fondo, cerca de la ventana. Marlene pidió un plato con arroz, con feijão, con carne, con farofa, y un suco de laranja, las dos comieron disfrutando de la deliciosa comida que les habían llevado.
Cristal comía con las manos, así era como siempre había comido en la favela, su padre nunca le había enseñado modales, no la había enviado a la escuela, porque estudiar no servía para nada.
Cristal agarraba el arro