El viaje de vuelta a Río fue en silencio, Franco iba adelante en el asiento del copiloto, llevaba lentes oscuros y hablaba por el celular sobre un negocio en la Zona Norte. Lorena iba atrás, medio dormida, Cristal iba atrás también, con la cabeza gacha sin atreverse a mirar a nadie.
Fueron casi tres horas de viaje, al sentir el perfume de Franco recordó su sueño, apretó los muslos y trató de rezar, pero no le salieron las palabras.
Llegaron a la mansión ya entrada la tarde, Franco se bajó prim