El lunes siguiente, Kauê llegó a la mansión con dos hombres, uno era de seguridad, pues iba armado hasta los dientes, tenía el pelo rapado, y mala cara.El otro hombre de unos treinta años, era alto, de piel blanca, y ojos claros, con el pelo claro peinado hacia atrás, sujeto en una corta coleta, vestía un traje gris hecho a la medida, Kauê lo presentó como Diogo Maranhão, un empresario que era socio de Franco. Un viejo amigo de la familia.Franco bajó cinco minutos después, le dio un abrazo a Diogo, fuerte, y palmeó su espalda, con una sonrisa que Cristal nunca le había visto, era la sonrisa de un hombre feliz al ver a un amigo. —Quanto tempo, Diogo.—Demais, irmão. Demais.Se fueron a la oficina, Marlene les subió café, pão de queijo, pan con manteca. Cristal se quedó en la cocina, lavando los platos, sin atreverse a subir a servir. A la tarde, los dos salieron al jardín a la piscina, Franco se puso short negro, sin camisa, Diogo se sacó la camisa, se sacó los zapatos, se quedó en
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