El lunes siguiente, Kauê llegó a la mansión con dos hombres, uno era de seguridad, pues iba armado hasta los dientes, tenía el pelo rapado, y mala cara.
El otro hombre de unos treinta años, era alto, de piel blanca, y ojos claros, con el pelo claro peinado hacia atrás, sujeto en una corta coleta, vestía un traje gris hecho a la medida, Kauê lo presentó como Diogo Maranhão, un empresario que era socio de Franco. Un viejo amigo de la familia.
Franco bajó cinco minutos después, le dio un abrazo a