Mundo de ficçãoIniciar sessãoAyudamos a la reina a pasarse de su sillón a un sofá a pocos pasos, donde podíamos sentarnos con ella, y no pude evitar advertir su fragilidad y su debilidad. Cada movimiento parecía demandarle un gran esfuerzo, y estaba tan delgada, pesaba tan poco, que me daba miedo que fuera a sufrir una fractura en cualquier momento.
Un suspiro entrecortado brotó de sus labios al volver a sentarse, y Mael se apresuró a situarse junto a ella, rodeándo







