Mundo ficciónIniciar sesiónFue una suerte que todos durmiéramos una siesta, porque esa noche los niños se negaron rotundamente a dormir sin nosotros, así que acabamos todos amontonados en la cama como por la mañana. No fue la noche más cómoda de mi vida, pero sí fue una de las más reconfortantes.
A la mañana siguiente desperté temprano, y me las ingenié para levantarme sin despertar a Mael ni a los niños, que se acomodaron a su alrededor instintivamente. Arropé a todos, me eché encima mi bata y me dirigí a la sa







