Mundo ficciónIniciar sesiónPor la tarde, Mael advirtió mi creciente fatiga. Había pasado la mañana limpiando con Briana, y después del almuerzo comenzó a ganarme un sopor que no lograba sacudirme.
—Ya ha estado bien de trajín —me dijo—. Me llevaré a los niños al bosque para que puedas dormir al menos dos horas.
—Pero está lloviznando —objeté.
—Somos lobos, mi pequeña. Y el bosque nos protegerá si llueve —sonrió.
Las hijas de Kaile aceptaron encantadas la invitación, y allí se fueron con su m







