Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos dejamos jugar hasta que el agua estaba apenas tibia. Luego de secarlos y abrigarlos, le pedí a Mael que los llevara a su dormitorio y me demoré secando y limpiando el baño.
Me reuní con él en la sala. Los niños habían vuelto a dormirse, y advertí que se veía fatigado.
—¿Por qué no aprovechas para dormir una siesta tú también, mi señor? —sugerí dirigiéndome a la cocina.
Meneó la cabeza ceñudo, como resistiendo el cansancio. Regresé a su lado y abrí la manta con la que







