—Fiona, ¿tienes un minuto?
—¿Se supone que te diga que no después de lo de ayer?
—Ouch.
—Sube, estoy en mis habitaciones.
Creí que la encontraría cambiándose para la reunión con el clan en un par de horas. En cambio, estaba empacando en su dormitorio, con sus hijas mayores y dos mujeres de servicio. Morgana y Cordelia me conocían desde que llegara al castillo, y después de casarme con Mael, había pasado incontables horas con ellas ayudando en la guardería.
Sin embargo, se detuvieron vacilantes al verme entrar, sin saber cómo saludarme. No tanto por lo que vieran la tarde anterior, sino porque era la primera vez que nos encontrábamos después de la muerte de la reina, que me había convertido en Luna. Las mujeres de servicio también se inmovilizaron, presas de la misma duda.
Para despejar cualquier interrogante