La actitud de Mora, junto con los comentarios de Ronda y Ragnar, obligaron a Mael a reunirse con sus hermanos y con Baltar para discutir el futuro de Solstein. Y del resto de los puestos, porque la necesidad de reemplazar un comandante era un problema que afectaba a todas las futuras capitanías.
Deseosa de alejarme de tanto drama, se me ocurrió que en vez de salir al prado con los niños, esa tarde bien podíamos irnos un poco más lejos y pasar un par de horas en el lago. Ronda no dudó en sumarse, y nos dirigimos juntas a la guardería en busca de los niños y Briana. Le avisé a Aine nuestros planes, y para mi sorpresa, llegó a nuestro encuentro casi corriendo por el ancho pasillo.
—¡Gracias por rescatarme! —dijo, un poco agitada—. No se me ocurría ninguna excusa para desaparecer por un rato.
—¿Por qué? —inquirí sorprendida.
&m