Logan caminaba con pasos firmes hacia la casa alfa, su respiración pesada, pero su mirada encendida por una furia contenida.
Apenas había recuperado la conciencia en el hospital, y ya estaba de pie, ignorando las advertencias de los médicos y la fragilidad de su cuerpo. Su corazón latía con fuerza, no por debilidad, sino por la desesperación que lo consumía: Mía.
Su luna. Sentía su dolor, cada punzada, cada grito silenciado en la distancia. Y no podía quedarse tendido mientras ella sufría.
Cua