Mía abrió los ojos de golpe, incorporándose con rapidez. Su corazón latía con fuerza, como si algo dentro de ella hubiera despertado de pronto. Su loba, en lo más profundo de su ser, se agitaba con emoción y esperanza.
—Lo sentí —susurró con voz entrecortada, apoyando una mano sobre el colchón—. Lo sentí, por fin… está cerca.
Una oleada de calidez la envolvió desde el pecho hasta la garganta. Su loba aullaba de felicidad dentro de ella, revoloteando como si hubiera esperado ese momento toda su