El sol salía completamente sobre los extensos bosques que rodeaban la manada Tormenta. El cielo, cubierto de nubes densas, presagiaba una tormenta, pero Luca no se inmutaba.
Permanecía agazapado entre los árboles, oculto tras un manto de hojas secas y ramas gruesas. Sus ojos, intensos y cargados de ansiedad, observaban con atención los movimientos dentro del territorio. Desde la distancia, podía ver las luces de las cabañas y, en su pecho, el corazón le golpeaba con fuerza.
—Muy pronto te veré