Logan avanzaba con pasos pesados y firmes, sin mirar atrás. Sus brazos sujetaban a Mía con la delicadeza que sólo alguien realmente marcado por el lazo podía entender. Su cuerpo temblaba de ira contenida.
Cada vez que bajaba la vista y la veía fruncir levemente el ceño o gemir en sueños por el dolor, una parte salvaje de él pedía salir. Quería arrancar las cabezas de quienes permitieron que un guerrero la tocara. Y lo haría. No ahora. Primero ella. Solo ella.
Empujó la puerta de su habitación