La conexión de Logan con Mía se hacía cada vez más intensa, casi insoportable. No necesitaba verla para saber que algo estaba mal; podía sentir la debilidad de su compañera, como si cada jadeo de ella recorriera su propia garganta. El veneno corría por las venas de Mía y su vínculo lo transmitía como un eco apagado que lo desgarraba por dentro. Su lobo negro gruñía, desesperado, queriendo arrancarle las cadenas invisibles que lo mantenían lejos de ella.
Las patas del animal golpeaban con fuerza