No puede ser

El motor del auto ronroneó con una cadencia tensa, como si el vehículo compartiera la ansiedad que se sentía en el interior.

Mia apretó los dedos alrededor del borde del asiento, el vestido ceñido resistiendo el temblor de sus manos. Frente a ella, la figura de Owen ocupaba el asiento del copiloto con una compostura que olía a triunfo. El alfa gris se inclinó con lentitud hacia ella, la mandíbula tensando bajo la barba corta, el brillo en los ojos igual de afilado que la noche.

—No te acerques
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