Mientras tanto a kilómetros de ahí Owen se giró sin decir una palabra más, sus ojos oscuros reflejaban la impaciencia de un depredador en medio de la espera.
Su figura imponente se adentró en el bosque, los árboles se cerraban tras él como si la misma naturaleza entendiera que debía dejarlo pasar.
Su manada lo esperaba, dispersa entre los árboles, oculta como sombras vivientes. Sin mirar atrás, desapareció entre las sombras, con la determinación de un lobo que no ha olvidado ni perdonado.
Zoe