La luna llena brillaba con un fulgor desafiante sobre los bosques que delimitaban el territorio enemigo. Logan, transformado en su lobo negro majestuoso. Sus ojos ámbar brillaban como brasas encendidas, impregnados de furia y desesperación. No había nada que pudiera detenerlo, no ahora que el olor de Mía se mezclaba con la brisa nocturna y le recordaba que estaba atrapada, en peligro, sufriendo.
Al llegar a los límites de la manada Colmillo, se detuvo sobre la colina que dominaba la entrada principal. Los lobos de la Manada Tormenta se desplegaron detrás de él, todos transformados, todos con los colmillos al aire y los cuerpos tensos, esperando la orden de su alfa. Logan alzó el hocico, gruñó con un poder sobrenatural y la orden salió de su garganta como un trueno.
—¡Encuéntrenla! —rugió, su voz mezclándose entre gruñidos y ecos que se esparcieron por el bosque—. ¡Busquen a Mía, no importa nada más!
Sus lobos respondieron con aullidos unísonos que hicieron vibrar la tierra. Se dispers