Mientras tantom en colmillo, Owen permanecía frente a Mía, mientras Zoe se retiraba tras recibir sus órdenes. Apenas la puerta de metal chirrió al cerrarse, el aire se volvió denso, cargado de energía contenida. Owen se giró lentamente hacia Juan, su beta más fiel, y un gruñido profundo brotó de su pecho. Sus ojos brillaban con una furia animal.
—Suéltala… —escupió con voz grave.
Juan titubeó apenas un instante, pero no desobedeció. Con un ademán obediente, aflojó las ataduras que sujetaban a M