Logan se acercó a Mia con pasos firmes, aunque cada zancada parecía arrastrar un peso que ni su lobo podía soportar.
Su mirada ardía con esa mezcla peligrosa de rabia contenida y algo más… algo que solo Mía lograba despertar en él. Ella, en cambio, retrocedió apenas un paso, pero su espalda chocó contra la pared de piedra de la habitación.
Apretó los puños, intentando mantenerse firme, aunque el vínculo invisible que los unía vibraba con fuerza.
—Si no sientes lo mismo, retrocede —murmuró Log