El sol comenzaba a descender, tiñendo el horizonte con tonos rojizos y dorados, mientras el bosque se extendía interminable bajo las zancadas poderosas de Logan y de los guerreros que lo seguían. El aire olía a tierra húmeda, a sudor y a furia contenida. Cada paso retumbaba como un tambor de guerra, marcando el ritmo de la persecución. A su lado corría Etan, su hijo, con la respiración agitada pero el cuerpo firme, resistiendo con orgullo el trayecto. Había heredado no solo la fuerza de su padr