El cuerpo del guerrero yacía inerte en el suelo, aún con la sangre fresca manchando el asfalto húmedo de los alrededores de la celda. El hedor metálico impregnaba el aire. Uno de los guardianes de la manada colmillo fue el primero en verlo. Su respiración se entrecortó y sus ojos se abrieron de par en par, comprendiendo en un segundo lo que aquello significaba: algo había salido mal.
Con el corazón latiéndole a toda prisa, corrió hasta donde estaba su alfa Owen, sus patas golpeando contra el suelo mientras sus músculos se tensaban de pura adrenalina. No se detuvo hasta llegar a la explanada principal, donde Owen, su alfa, daba órdenes a dos guerreros más para seguir torturando a Teresa.El lobo se transformó en humano en cuestión de segundos, jadeando.
—¡Alfa Owen! —gritó con desesperación—. ¡Se llevaron a Teresa!
El silencio que cayó tras esas palabras fue más aterrador que cualquier rugido. Los guerreros que rodeaban al alfa intercambiaron miradas nerviosas, y Owen giró lentamente h