Manada colmillo
La noche en la manada Colmillo parecía tranquila, demasiado tranquila. Afuera, los lobos guerreros levantaban la mirada hacia el cielo, observando con inquietud la inminente llegada de la luna roja, esa que todo lo cambiaría. Había un silencio extraño, una calma densa que parecía anunciar un desastre.
En los pasillos de piedra que conducían a los calabozos, un hombre avanzaba con paso firme pero silencioso. Su sombra se alargaba con la luz tenue de las antorchas que iluminaban