Alfa Lysander corrió a los aposentos de Luna Meissa con el corazón desbocado, cada paso resonando en los pasillos de piedra como un tambor anunciando un presagio.
La curandera, que vigilaba a la Luna desde que regresó de la batalla, salió al encuentro con un gesto preocupado.
Sus ojos reflejaban la urgencia de la noticia que traía, y su respiración era rápida, como si hubiera corrido tanto como él.
—¿Cómo está? —preguntó Lysander sin medir palabras, su voz cargada de preocupación y de ese insti