—¡Lysander!
Meissa corrió a su lado con el corazón desbordado de miedo y desesperación.
Verlo herido de esa manera le dolía hasta en los huesos, y cada paso que daba hacia él parecía pesar toneladas. Sus manos temblaban mientras se acercaba, y no podía apartar la vista de la sangre que manchaba su ropa.
Lacron, con los ojos llenos de rabia y determinación, miró a Lauryn con un odio que casi podía sentirse como fuego. Su respiración era pesada, cada músculo tenso como si estuviera a punto de esta