Lauryn avanzaba con rapidez por los pasadizos ocultos del castillo, moviéndose con la precisión de quien conoce cada rincón, cada sombra, cada posible salida. Sus pasos eran firmes, decididos. No miraba atrás.
Detrás de ella, Meissa la seguía, intentando no perder el ritmo, aunque su pecho se agitaba con fuerza y el miedo le recorría la piel como una corriente helada.
Aquel lugar era opresivo. Oscuro. Las paredes parecían cerrarse sobre ella, como si quisieran atraparla, como si supieran que no