El pecho del Alfa Lysander ardía.
No era un dolor común.
Era algo más profundo… más salvaje.
Una furia que no nacía de su voluntad, ni de su lobo, sino de una fuerza oscura que lo invadía, que lo empujaba, que lo desgarraba por dentro como si quisiera romperlo en dos.
Apretó los dientes, llevando una mano a su pecho, intentando contener esa sensación.
—¿Qué… es esto…?
Respiró hondo, pero el aire no parecía suficiente.
Había una lucha dentro de él. Y estaba perdiendo el control.
Sin pensarlo más