Cuando Lysander llegó al palacio, un silencio pesado lo envolvió. El ambiente estaba cargado de tensión, y un escalofrío le recorrió la espalda al ver a los guardias custodiando la entrada del ala médica.
Su corazón latía con fuerza, cada golpe resonando como un tambor en sus oídos. Uno de los criados se acercó, con un papel tembloroso entre las manos.
—Alfa… —dijo con voz vacilante—. Ella… dejó esta nota para usted.
Lysander extendió la mano, tomando el papel. Sus dedos temblaban, y no podía e