—Mi Alfa —dijo el hombre, haciendo una reverencia profunda antes de recuperar el aliento—. Se ha confirmado la situación en el este. Las noticias son peores de lo que esperábamos.
Lysander no se movió. Su espalda, ancha y marcada por cicatrices de batallas pasadas, se tensó bajo la túnica oscura.
—Habla —ordenó con una voz que retumbó en las paredes de piedra.
—Los rebeldes están atacando sin piedad. No solo están desafiando las fronteras, sino que están asesinando a la gente de esa manada. Esa