El aire en la habitación se volvió pesado, saturado con las feromonas de un Alfa fuera de control.
Lacron, con la mirada encendida por una mezcla de rabia y un instinto territorial que ni él mismo comprendía, empujó a Meissa contra el colchón.
Ella sintió el impacto en su espalda, pero el dolor físico no era nada comparado con el terror que helaba su sangre.
Intentó luchar, clavando sus uñas en los hombros de ese lobo poderoso, pero era inútil; la fuerza bruta de un heredero Alfa era una murall