Días después, el aire en la manada se sentía distinto.
No era solo la brisa que recorría los árboles antiguos ni el murmullo lejano de los lobos en guardia. Era algo más profundo, más solemne… más pesado.
Como si la propia tierra supiera que ese día marcaría un antes y un después.
Era el día de la presentación.
La ceremonia donde la Luna Meissa mostraría a su cachorro ante toda la manada.
Un evento sagrado.
Uno que no solo representaba la bienvenida de una nueva vida, sino también la continuida