—No —dijo Meissa, con la voz firme a pesar del temblor que recorría su cuerpo—. Ya no te amo, Lacron. Soy la mate de Lysander. Él fue dañado, envenenado incluso, pero sé que vendrá por mí, tarde o temprano.
Lacron la miró con ojos feroces, llenos de un fuego que parecía capaz de devorarla. Cada músculo de su cuerpo irradiaba tensión y determinación. Su mandíbula se tensó mientras caminaba un paso hacia ella.
—Meissa… —su voz era baja, amenazante, pero cargada de desesperación—. No voy a dejar q