Ellos contestaron con un asentimiento y mi tío les sonrió, no hipócritamente, sino de forma autentica, ya que comprendía cuanto les molestaba a esos señores, que yo no me dejara afectar por sus provocaciones.
—Su alteza dispondrá de una escolta apropiada para cruzar estas tierras y una vez en Áthaldar, será recibida como merece —declaró el astil de la tierra, esperando que advirtiera la doble intención detrás de esas palabras.
No me dejé intimidar por su amenaza y deseosa de devolverles la humi