En la noche participamos de un baile, preparado por las doncellas y grandes señoras del reino. Comimos copiosamente, sin dejar que las preocupaciones importunaran y hasta el astil tuvo que acompañarme en las danzas porque los cortesanos lo exigían.
Fueron días muy ajetreados que terminaron con una despedida tan conmovedora como la anterior, solo que ahora no tomamos el camino del bosque, sino que atravesábamos los pueblos. Recibíamos las ovaciones hasta avergonzarme, al punto de no salir del ca