Ahora me preocupaba que mi actitud afectara la situación del reino y mi esposo tuvo que calmarme con un beso, que no fui capaz de rechazar.
—Debes saber que dejaré partir a tu ejército hacia la frontera para ganar tiempo, pero que no te permitiré acompañarlos, porque mi hijo debe nacer en la corte y su madre tiene que estar a salvo— me avisó—. Es a mí a quien corresponde guiar al ejército y si no hablé antes frente al concejo, era porque reconocía que necesitabas liberar tu rabia, y porque mis