Abrí los ojos y encontré a mi esposo besándome la mano. Me había quedado dormida mientras las doncellas me limpiaban y vestían, pero ahora tendría que soportar las tediosas ceremonias que proseguían al alumbramiento de la Luna de Áthaldar y solo me consolaba que, a unos pasos, mi pequeño tesoro dormía plácidamente.
— ¿Estas muy cansada? —Me interrogó mi esposo—. ¿Sientes dolor?
Me incliné para besarlo como respuesta y los astiles debieron creerse que estaban invitados a ese encuentro íntimo, po