—Antes de decidir, deberíamos tener en cuenta la opinión de nuestro pueblo —declaró el astil del viento—. En el norte, los hombres se niegan a continuar combatiendo y en cuanto se enteren de que los bárbaros han propuesto la paz, los verán a ellos como la solución a sus problemas y no a nosotros, que les pediremos que continúen luchando.
— ¿Está sugiriendo que aceptemos? —Lo interrogué ofendida—. ¿Está de acuerdo con que le cedamos nuestras tierras a esos...?
No pude continuar, me dolía el pech