Reconocí al mayor inmediatamente, ya que ese era el responsable de mutilar a los soldados de Áthaldar, cada vez que los tomaban prisioneros. Sus ojos desprendían la suciedad que se le acumulaba en el alma y los otros no se alejaban de la podredumbre que caracterizaba a esos asesinos que años atrás acabaron con la vida de tantos niños inocentes.
No sería gentil con ellos, después de todo, el deber de una reina no es solo el de proteger y amar, sino también el de castigar e impartir justicia a lo