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Mis palabras los dejaron totalmente enmudecidos y la vergüenza les coloreó el rostro. Por lo visto ellos no entendían lo delicado de la situación, ya que si las familias de esos soldados, se negaban a cedernos los granos y frutas que ellos mismos cultivaron, por miedo a que asesinaran a sus hijos, estaríamos completamente perdidos.

—Su majestad está en lo cierto y le pedimos disculpas por dudar— me dijo el astil de la tierra—. Pero le exigimos que permanezca en el castillo real, mientras nosotr
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