Estaba equivocada, sí tenía un motivo por el cual luchar y si permitía que continuaran golpeándome, lo perdería. En el vientre llevaba a un nuevo Édazon, a un hijo precioso que no debía cargar con las culpas del padre y mucho menos con la inutilidad de su madre. Solo por él me incorporé, para devolver el golpe al bárbaro que esta vez empuño su daga maltrecha, dispuesto a terminar lo empezado. Esquivé las patadas, la distracción creada al levantar las hojas caídas con movimientos veloces. Proc